Dak Prescott and Dez Bryant offered a glimpse of how the Dallas Cowboys' offense could look without Ezekiel Elliott: the second-year star quarterback frequently finding his top receiver.

The Indianapolis Colts are still struggling to see what life without Andrew Luck might be like.

Prescott connected with Bryant for a 32-yard touchdown on their first series of the preseason, Peyton Manning Jerseys2016 NFL rushing champion Elliott sat again with his six-game suspension looming, Vontae Davis Jerseysand rookie Cooper Rush threw two scoring passes in the Cowboys' 24-19 exhibition win Saturday night.

Last year's NFL Offensive Rookie of the Year after a sensational season that ultimately led 10-year starter Tony Romo into retirement, Prescott was 8 of 9 for 106 yards in his two possessions. T.Y. Hilton JerseysThe first was a 95-yard drive in seven plays that started with a 23-yard toss to Bryant.

Prescott's second series ended on a fumble inside Indy's 10 by Darren McFadden, who started as the Cowboys again delayed Elliott's exhibition debut.

Elliott has appealed his suspension while disputing the NFL's findings that he caused bruises on his ex-girlfriend in several confrontations last summer in Ohio.

Owner Jerry Jones said it "wouldn't surprise me at all" if Elliott played next week's preseason home game against Oakland, Andrew Luck Jerseyswhich would likely be his only action before a suspension.

Bryant's 55 yards receiving held up as the most in the game for the Cowboys.

"I don't know if I can honestly put it into words just how much better of a player he is, and we were just talking about how good his body feels," Prescott said. "He's just a much better player right now than what he was last year at this time. Our chemistry is growing, so it's fun."

Crónica y Reflexión: Resolviendo conflictos desde la práctica de los valores

Kevin, estudiante de 16 años que cursa octavo grado, como eficiente esponja ha absorbido todo la cultura violenta que se vive en su barrio del suroccidente de Barranquilla. La cultura del "no me voy a dejar joder", del "yo no soy ningún bobo", "el que me busca me encuentra", "a mí que no me mire feo"; todos los imaginarios de violencia en los que las agresiones verbales y físicas son cotidianas, y las peleas son muy frecuente. Como con una ley de la selva en la que sobrevive el más fuerte, las pandillas o "bandolas" -como también las llaman- comienzan a ejercer dominio por sectores del barrio y cualquier diferencia menor se convierte en la excusa perfecta para iniciar verdaderas batallas entre grupos juveniles.

Kevin pertenece a ese mundo. Y esa tarde "la tenía cazada" con un estudiante del grado noveno porque este "lo miraba maluco" siempre que pasaba por el pasillo. "Me quería meter el pie cuando yo pasé por ahí" le explicaría al coordinador justificando su disputa. Sus amigos del curso, le habían exacerbado su "rasquiñita", con frases que encendían su agresividad: "ese man de qué se las pica", "te vas a dejar sabotiá", "hay que cascalo pa' que se le quite la maricá". Y ya no había mucho que decir, con un breve intercambio de palabras se pactó el combate.

-Ajá que te pasa? -lo que quieras. -vamos a danos -tú no sabes con quien te estás metiendo, maricón. - a la salida nos vemos. -yo no me arrugo. -bueno, vamos a ver. - Tu solito. -yo solo. No le tengo miedo a nadie.

Estos fueron los códigos empleados para programar la pelea. Lo demás estaba implícito. El lugar: a tres cuadras del colegio, en un lote de esquina. El público estaba garantizado. Como dicen, la noticia se regó como pólvora; todos sabían menos los profesores. El último timbre de la jornada escolar marcaba el inicio del nuevo espectáculo. Mientras los profesores recogían los libros en su sala y el coordinador revisaba el orden en que quedaban los salones, casi la mitad de los estudiantes de la jornada se aglomeraban en la puerta del colegio esperando a los contendores. Y se inició la procesión, tristemente alegre procesión que arrastraba consigo la imagen del colegio. Cual circo de Roma donde la violencia y la sangre despiertan en el interés y la pasión que en otros momentos el fútbol. "profe, en ese colegio como que en vez de matemática enseñan es lucha libre", comentó un padre después de la pelea.

¿Qué pasó? ¿Quién ganó? ¿Acaso importa?... ¿Cómo terminó? "Ahí viene el coordinador," alguien gritó. La pelea se detiene, algunos se dispersan, otros le miran como diciendo "¿Qué puedes hacer?" o "¿Qué irá a hacer?". Los más espontáneos gritan. "Profe, bote a esos pelaos", y ríen. En muchos impera la ley del silencio porque los contendores se camuflan con los espectadores, hasta que un "sensato" se acerca al profesor y bajito de le dice "profe, no vaya decir que yo le dije, es Kevin, con el pelao de noveno, el que le dicen 'el pupo', está allá en la casa azul".

El manual de convivencia enuncia las peleas con escándalo público como una falta grave que puede ser causal de expulsión luego del análisis y decisión del Consejo Directivo. Primero se citan a los acudientes de ambos contendores, lo que a veces resulta contraproducente ya que en algunas ocasiones, en este contexto cultural, las peleas de jóvenes se han convertido en pleitos de los adultos de las familias. Sin embargo, frecuentemente el diálogo y las palabras acertadas apaciguan los ánimos. La sensibilidad y pericia del docente le ayuda decidir el mejor tiempo y la mejor forma para su atención.

La 'suspensión' por algunos días con trabajos en casa ayuda a enfriar los rencores. Sanciones. 'Castigos' (alguien empleará este lenguaje). Correctivos. Se trata de hacer sentir la autoridad, de hacer respetar la institucionalidad. Si, está bien. Pero ¿suficiente? ¿hubo aprendizaje? O si se quiere... ¿Hubo todo el aprendizaje necesario y posible?, ¿se anunció el mejor mensaje? ¿se trabajó por la construcción de un nuevo imaginario?, ¿se está promoviendo y fortaleciendo una nueva cultura? Que tal si, aunque nos tome un poco más de tiempo, construimos juntos una mejor y sana convivencia fundada en los valores, no en el poder de la norma –que es necesaria- y la imposición de sanciones.

Entonces nos volvimos a encontrar, citamos además a la personera estudiantil y un miembro del comité de conciliación. En la reunión no solo estuvieron Kevin y Álvaro, sino dos jóvenes más que había sostenido un altercado en días pasados y unas chichas que también se habían insultado en el patio escolar y por lo que también se armó un tumulto de estudiantes en el recreo y en el que algunos arrojaron vasos plásticos y semillas de frutas sobre las agresoras. Otro incidente bochornoso y lamentable para todos.

En la reunión se realizó una alusión a nuestra dimensión espiritual dando espacio para que cada uno hiciera una breve oración de acuerdo a sus convicciones de fe, se le preguntó a cada uno cómo se sentía en este momento después del tiempo transcurrido desde que sucedió la pelea, se les invitó a recordar las emociones y sentimientos que tuvieron en ese entonces, cómo se sentían, se les preguntó específicamente si creían que valía la pena. Hubo diferentes respuestas.

Luego se recordó una reflexión en la que un maestro le pide al discípulo que lleve un saco lleno de plumas y vaya arrojándolas por varias calles, cuando el alumno regresó diciéndole al maestro que ya había hecho la tarea, el maestro le pide que regrese por el camino que tomó y recoja una a una todas las plumas que botó. Imposible comprendió el discípulo. El maestro le explicó que eso sucedía cuando difamábamos a alguien o a una comunidad. Ya el daño estaba hecho. Al escuchar ese mensaje la reunión se llenó por unos momentos de un silencio reflexivo. Ustedes dañaron su propia imagen, la de sus familias, y la del colegio, pero... realmente no hay nada que pudieran hacer.

Vanessa, nuestra inteligente personera estudiantil lanzó una idea que fue tomando forma con los aportes de todos. Si podemos hacer algo, intentemos recoger las plumas, las más que podamos, o por lo menos adornarlas con pétalos de rosa. Si, lo menos que podemos hacer es disculparnos con todas esas personas que presenciaron las peleas. Y hacerlo llevándoles un signo de reconciliación, podemos regalarles rosas o flores blancas. Que les parece si primero lo hacemos curso por curso en el colegio, una rosa para cada curso; y luego, los seis, de dos en dos, ya sabemos cuáles son las parejas, visitar cada una de las casas de las tres cuadras que separan el colegio de aquel lote de esquina y dejar un clavel en cada casa y decirles el significado de esa flor. Listo, se acordó y se realizó.

El impacto de ese ejercicio fue tremendamente positivo, tanto en estos jóvenes que recibían de cada vecino del barrio un edificante "gracias" y una sonrisa o un consejo, una retroalimentación de lo bueno que era esa nueva actitud; como positivo para estos vecinos que veían cómo la institución se preocupaba por la comunidad. De alguna manera, cada flor parecía ser la semilla de una nueva cultura, de un imaginario social en convivencia armoniosa. Y se sintieron mejor, se creyeron mejor, se convencieron de que eran mejores. Fue especial cuando uno de ellos me dijo: "profe, esta última flor es para usted. Usted fue uno de los más ofendidos por nuestras acciones". Allí terminé de convencerme de que valía la pena.

Es impresionante el poder de los signos y las acciones para la transmisión de los mensajes. Muchas veces se olvidan las palabras, pero no los signos y con ellos se guardan los mensajes. Quizá no se acuerdan de lo que tenían que decir en cada casa: "señora, nosotros fuimos los que peleamos hace unos días. Queremos disculparnos por el mal ejemplo que dimos. Ahora somos mensajeros de la paz y queremos regalarle esta flor que significa la belleza de una sana convivencia y la alegría de una vida en paz." Ese texto lo olvidaron, pero nunca se borrará de sus mentes que fueron de casa en casa regalando flores porque entendieron que en paz se vive mejor.

Una camisa verde y una campaña de aseo para los que han faltado a la higiene y la conservación de los ambientes escolares. Repartir dulces y una campaña del elogio para quienes han faltado el respeto a los demás. Inventar canciones (el rap les gusta mucho) a la puntualidad, al valor de la vida, a la responsabilidad, en fin... signos y acciones para corregir desde la comprensión y práctica de los valores facilita la interiorización y el compromiso con los mismos.

Es absolutamente fundamental que estos jóvenes que realizan actos censurables por el buen juicio de la conciencia humana y sancionados por los manuales de convivencia escolares comprendan los valores humanos, su importancia como condicionantes de su felicidad. Esos valores que están vulnerando con actos inadecuados; y que comprendan también los beneficios de la vivencia de esos valores, que reconozcan los principios básicos de la dignidad humana, de la justicia y la responsabilidad que se tiene frente a la comunidad como escenario esencial de la vida de las personas.

Por eso, tenemos que equiparnos con la documentación básica y comprensible para los niños y jóvenes sobre los valores humanos, documentos en su lenguaje, con sus códigos y con signos entendibles para ellos, que les sugieran acciones atractivas a sus ideales y transformadores de sus imaginarios. Mensajes para tratarlos no solo en las clases de ética, sino sobre todo cuando la falta de la práctica de los mismos ha tocado su historia y sus emociones. Allí el aprendizaje es más efectivo.

Por David Morales Jiménez - Coordinador de Convivencia IED Alberto Assa

Leer 8368 veces